Calles de Madrid: Aquí murió Frascuelo

Calle Arenal 22 donde murió Frascuelo

Dejamos atrás la calle del toro y nos seguimos adentrando en el centro de Madrid. En plena calle Arenal, entre Ópera y la Puerta del Sol, nos encontramos la casa en la que murió a finales del Siglo XIX el mítico Salvador Sánchez Povedano, más conocido como Frascuelo y considerado como uno de los mejores toreros de todos los tiempos.

Desde mayo de 1998 una placa situada en la calle Arenal 22 recuerda al torero: “En memoria del matador de toros Álvaro Sánchez Frascuelo, que murió en esta casa el 8 de marzo de 1898. Agrupación amigos de Chinchón”. Frascuelo llegó a sobrevivir a dieciocho cornadas, alguna de ellas muy grave, pero no pudo con una grave pulmonía.

A finales de febrero de 1898 Frascuelo se encontraba preparándose para reaparecer en una corrida excepcional en Madrid para recaudar fondos destinados a la guerra de Cuba y a la lucha contra Estados Unidos. Por ello, fue invitado por el ganadero Esteban Hernández Plá a tentar a su casa. Cuenta la historia que al terminar el tentadero, Frascuelo, que estaba sudoroso y sediento, y tras beber un vaso de agua demasiado fría, contrajo una pulmonía infecciosa de índole palúdica. Con fiebre de más de 39º, y debido a su gravedad, fue trasladado al domicilio que su hija e hijo político, el médico señor Porres, tenían en la calle Arenal en Madrid.

Las malas noticias sobre el estado de salud de Frascuelo corrieron como la pólvora. La preocupación del pueblo madrileño fue tal que incluso se llegó a ordenar que se llenara de arena la calle en la que el torero agonizaba para que no le molestara el ruido de las ruedas de los carros al pasar por el adoquinado. Pero Frascuelo no pudo superar la pulmonía.

En el momento de su muerte se telegrafió a muchos conocidos, entre ellos Lagartijo con quien durante tantos años mantuvo una gran rivalidad. Rafael Molina contestó de inmediato preguntando cuándo era el entierro y llegando a Madrid en el primer tren de los disponibles.

El 9 de marzo el cuerpo de Frascuelo fue embalsamado, convirtiendo en capilla ardiente una de las habitaciones de la casa. El pueblo de Madrid salió a la calle colapsando la calle del Arenal y sus inmediaciones. La comitiva fúnebre recorrió las calles del Arenal, Puerta del Sol, Alcalá, Sevilla, Carretera de San Jerónimo, otra vez la Puerta del Sol, Mayor, Siete de Julio, Plaza Mayor y Toledo hasta la Sacramental de San Isidro, donde reposan sus restos mortales.

Frascuelo forma parte de la historia del toreo. Uno de sus legados es un decálogo de ética que todo el mundo conoce como los diez mandamientos de Frascuelo:

Primero: Amar a Paquiro sobre todas las coletas.

Segundo: No jurar que vas a meterte en el morrillo de los toros para luego no arrimarte nada.

Tercero: Santificar la fiesta española, entendiéndose que santificarla no es tirar el pego. (Tirar el pego. Locución en desuso que quería decir hacer trampa en el juego de las cartas)

Cuarto: Honrar a la afición que da cuanto se le pide y más de lo que puede.

Quinto: No matar como Rafael El Gallo.

Sexto: No amolar tanto a los toros ni a los espectadores. (Amolar, vocablo muy utilizado en México. Significa no molestar o fastidiar)

Séptimo: No hurtar las ingles a las arrancadas de los astados, ni hurtar tantos billetes como se viene haciendo.

Octavo: No decir en los telegramas que tú estuviste colosal y tu compañero desastroso.

Noveno: No desear la cupletista o súper-tanguista de tu prójimo.

Décimo: No codiciar el contrato del colega; ni el colchón del zapatero, del hojalatero y del tapicero, cuando el colchón va a la casa de empeños para luego no ver más que huir a los toreros de arriba, de abajo, de la derecha y de la izquierda.

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